El Journal de Aurelia · Hoteles

Dormir bien también forma parte del viaje

Elegir hotel también es elegir cómo quieres descansar, moverte y sentirte durante esos días.

Habitación del ME Barcelona con cama, bañera y luz cálida
ME Barcelona · Barcelona

Hay una frase que he escuchado muchísimas veces al organizar un viaje: “¿Para qué vamos a gastar tanto en el hotel si solo vamos a ir a dormir?”. Nunca he estado del todo de acuerdo.

No porque crea que haya que alojarse siempre en hoteles caros ni porque necesite cinco estrellas cada vez que viajo. Es algo bastante más sencillo: para mí, el lugar donde duermo también forma parte del viaje. Me importa muchísimo cómo descanso, cómo empiezo el día y esa sensación de volver después de muchas horas fuera y estar realmente a gusto.

Elegir hotel también es elegir cómo quieres vivir el viaje

Quizá también tenga que ver con que algunas personas tenemos el privilegio de vivir en una casa que nos gusta, que hemos ido haciendo nuestra y en la que nos sentimos cómodos. Elegimos nuestro colchón, nuestra almohada, la luz, las sábanas, las cosas que nos rodean. Y cuando estás acostumbrado a sentirte bien en tu propia casa, cuesta entender por qué viajar debería significar necesariamente estar peor.

Cuando me voy unos días, me gusta que el lugar en el que voy a dormir me ofrezca algo diferente. Unas vistas que no tengo todos los días, un desayuno estupendo, una habitación especialmente bonita, un servicio atento o simplemente la sensación de que alguien ha pensado bien la experiencia.

No necesito que sea más lujoso que mi casa. Sí busco que tenga algo que haga especial estar allí.

La ubicación de un hotel también es una forma de lujo

Para mí, la experiencia empieza incluso antes de entrar en la habitación: empieza por dónde está el hotel.

Sobre todo en un viaje corto, una buena ubicación puede cambiarlo todo. Poder salir andando, volver al hotel un momento si lo necesitas o evitar una hora diaria de desplazamientos también forma parte de la comodidad.

Cuando tienes tres o cuatro días para disfrutar de un lugar, el tiempo que no pierdes moviéndote de un lado a otro es también una forma de lujo.

Y cada vez valoro más eso: que el hotel haga el viaje más fácil, no que añada otra complicación.

Zona de desayuno y restaurante del ME Barcelona
ME Barcelona · Barcelona

Los detalles que convierten un buen hotel en una buena experiencia

Luego están todas esas cosas que quizá no salen en la primera foto de una web: una buena cama, silencio, unas cortinas que de verdad oscurezcan la habitación, un baño cómodo, una buena luz o espacio suficiente para abrir la maleta sin convertirlo todo en un desastre.

Y después está algo todavía más difícil de buscar en un filtro: cómo te hacen sentir.

Que recuerden algo que habías pedido, que haya una nota con tu nombre, que alguien se adelante a una necesidad o que simplemente te reciban de una manera que te haga sentir que no eres la habitación 407.

Ahí es donde, para mí, aparece la diferencia entre lujo y cuidado.

Baño del ME Barcelona con ducha, espejo iluminado y amenities
ME Barcelona · Barcelona
Lobby del ME Barcelona con iluminación cálida, arte y zona de estar
ME Barcelona · Barcelona

He estado en hoteles caros absolutamente impecables que no recuerdo especialmente y en otros más sencillos a los que volvería mañana. El precio puede darte una habitación espectacular, pero no garantiza que la experiencia lo sea.

Porque el lujo puede estar en una habitación increíble, claro. Pero también puede estar en dormir ocho horas del tirón, desayunar mirando algo precioso, llegar cansada y saber que no tienes que pensar en nada o sentir que alguien ha cuidado ciertos detalles antes incluso de que tú los pidieras.

Membresías, puntos y ventajas que pueden mejorar tu estancia

Y cuanto más viajo, más me doy cuenta de que la experiencia de un hotel empieza incluso antes de llegar.

Si para ti estos detalles importan, merece la pena conocer un poco mejor todo lo que existe alrededor de una reserva. Los programas de fidelización de las cadenas, las membresías, determinadas tarjetas o agencias de viaje asociadas a ellas pueden darte acceso a cosas que cambian bastante una estancia: una habitación mejor, desayuno, una salida más tarde, algún crédito para utilizar en el hotel o simplemente un trato más personalizado.

Si vuelves con frecuencia a una misma cadena, quizá tenga sentido formar parte de su programa. Si una tarjeta que ya utilizas incluye ventajas en determinados hoteles, conviene saberlo. Y si reservar directamente hace que el hotel pueda reconocer tus preferencias o cuidar mejor determinados detalles, también merece la pena tenerlo en cuenta.

Muchas veces estas cosas están ahí y simplemente no sabemos que existen.

Y creo que, cuando disfrutas especialmente de los hoteles, aprender cómo funcionan esos programas también acaba formando parte de tu manera de viajar. No para perseguir puntos ni convertir cada reserva en una estrategia, sino para conseguir que cada vez haya más posibilidades de que esa estancia sea exactamente como te gusta.

A mí todavía me queda muchísimo por descubrir sobre todo esto: qué programas merecen la pena, cuándo compensa reservar directamente, qué ventajas podemos tener ya incluidas en nuestras tarjetas o qué pequeños beneficios existen y nunca hemos utilizado.

Probablemente hablemos bastante de ello por aquí.

Porque sí, vamos al hotel a dormir.
Pero dormir bien también forma parte del viaje.