Antes de cada viaje puedo pasar horas buscando.
Dónde dormir. Dónde comer. Qué merece la pena reservar. Qué exposición hay esos días. Qué barrio tiene más sentido. Qué sitio ha abierto hace poco y cuál lleva años allí por alguna razón.
Guardo restaurantes en Instagram. Leo artículos. Pregunto a gente que vive allí. Comparo habitaciones de hotel como si de verdad fuera capaz de distinguir, desde una fotografía, cuál me va a hacer más feliz cuando llegue cansada a las once de la noche.
Y, aun así, las cosas que más recuerdo de mis viajes casi nunca son las que encontré buscando.
Recuerdo una calle cualquiera de Nueva York con una alcantarilla soltando humo y unos rascacielos enormes al fondo. Estar dentro del agua en Cinque Terre y mirar hacia la costa pensando qué increíble era estar allí. Un Spritz en Portofino. Un café caliente mientras caminaba sola por Londres.
Ninguna de esas cosas habría aparecido en una lista de “imprescindibles”.
Quizá por eso durante mucho tiempo pensé que lo último que hacía falta en internet era otro sitio hablando de viajes.
Y aquí estamos.
Entonces, ¿por qué Aurelia?
Porque cuanto más viajo, menos me interesan las listas.
No porque no sean útiles. Yo misma las consulto. Si voy a una ciudad que no conozco, quiero saber qué merece la pena, dónde está cada cosa y si ese restaurante al que todo el mundo va es realmente bueno o simplemente sale bien en TikTok.
Pero después de toda esa información sigue faltando algo: criterio.
Alguien que te diga no solo dónde estuvo, sino por qué volvería. Qué pagaría otra vez y qué no. Qué merece una mañana entera y qué puede saltarse tranquilamente. Qué hotel está bien situado pero además tiene una habitación a la que apetece regresar. Qué museo merece tres horas si te interesa el arte y cuál probablemente no encaje contigo.
Eso es lo que a mí me interesa leer cuando preparo un viaje.
Y eso es lo que quiero intentar hacer aquí.
No convertir cada ciudad en una lista de veinte cosas que hay que hacer antes de volver a casa. Más bien contar qué cosas, después de haber estado allí, creo que merecen de verdad una parte de tu tiempo.
También he tardado años en entender cómo me gusta viajar
De pequeña, viajar significaba adaptarse.
En casa se viajaba siempre que era posible. Si había que buscar el alojamiento más sencillo, se buscaba. Si el presupuesto era pequeño, el viaje también podía serlo. La falta de grandes medios nunca convirtió quedarse en casa en la única opción.
Creo que de ahí me viene una parte importante de mis ganas de ir.
Pero con los años he descubierto algo que durante mucho tiempo parece que hay que decir casi pidiendo disculpas: a mí me gusta estar cómoda.
Si puedo elegir un hotel mejor, probablemente lo haga. Si puedo coger un vuelo a una hora razonable, lo valoro. Si después de caminar todo el día puedo sentarme a cenar bien en un sitio bonito en lugar de resolver la comida de cualquier manera, esa también forma parte de mi viaje.
No necesito lujo por el lujo. Tampoco necesito demostrar que puedo viajar con una mochila y dormir en cualquier parte para sentir que estoy viajando de verdad.
Prefiero hacer menos viajes y disfrutarlos mejor.
Y creo que cada vez hay más personas que sienten algo parecido, aunque durante años la conversación alrededor de viajar pareciera dividida entre hacerlo barato o hacerlo de una manera casi inaccesible.
Hay bastante espacio entre ambas cosas.
Ahí me interesa estar.
Viajar bien tampoco significa tener cada minuto decidido
Curiosamente, cuanto más me gusta organizar un viaje, más necesito poder abandonarlo.
Quiero saber mucho antes de llegar. Me gusta elegir bien el hotel, tener algunas reservas hechas y conocer qué está ocurriendo en la ciudad esos días.
Después necesito margen.
Si entro en un museo y quiero quedarme tres horas, quiero poder hacerlo. Si descubro que el restaurante que había pensado ya no me apetece, cambio de idea. Si es mi quinta vez en Nueva York, puedo no pasar por Times Square y dedicar esa tarde a volver al Met.
Quizá por eso me gusta tanto regresar a lugares en los que ya he estado.
La primera vez visitas una ciudad.
Cuando vuelves, empiezas a conocerla.
Desaparece la ansiedad por tachar cosas de una lista y aparece la posibilidad de elegir. Volver al sitio que te gustó. Dejar pendiente lo que no te interesa. Perder una tarde sin tener la sensación de que estás desaprovechando el viaje.
A mí, al menos, ahí es cuando empiezan a pasarme las mejores cosas.
Y de eso va este Journal
No quiero decirte cómo hay que viajar.
De hecho, probablemente discrepemos muchas veces.
Habrá hoteles que a mí me parezcan maravillosos y a ti innecesarios. Restaurantes por los que yo volvería y que tú cambiarías por una mesa completamente distinta. Yo puedo pasar horas delante de determinados cuadros y quizá tú no quieras pisar un museo en todo el fin de semana.
Perfecto.
Lo interesante no es coincidir en todo.
Lo interesante es saber por qué alguien recomienda algo y poder decidir si esa manera de mirar encaja contigo.
Aquí habrá ciudades a las que he vuelto varias veces y otras que acabo de conocer. Hoteles en los que dormiría otra vez mañana y algunos que no repetiría. Museos, mesas, calles, pequeños descubrimientos y también lugares muy conocidos que siguen mereciendo la fama que tienen.
Habrá cosas que salgan bien y otras que no.
Porque también he perdido vuelos, he hecho reservas absurdas y he tomado decisiones que parecían excelentes dos horas antes.
Viajar tampoco necesita convertirse en otra cosa que hacer perfectamente.
Supongo que por eso he empezado a escribir
Viajar siempre me ha despertado algo.
Curiosidad, sobre todo.
Me hace prestar atención a cosas que en casa probablemente pasarían desapercibidas. Cómo vive la gente, cómo come, cómo se mueve por su ciudad, qué considera bonito, qué cuida y qué da por hecho.
A veces vuelvo con ideas para trabajar. Otras con ganas de aprender algo. Muchas simplemente con la cabeza un poco más abierta que cuando salí.
Y quería un sitio donde poder ir guardando todo eso.
No para decirte cuántas ciudades he visitado ni para construir otra lista infinita de lugares que tienes que conocer.
Más bien para hacer algo bastante más sencillo:
elegir entre todo lo que hay fuera aquello que creo que merece la pena mirar un poco más despacio.
Bienvenida a Aurelia.
